Author: Aras de los olmos

Casa de la Parra

Esta casa es testimonio de la fuerte influencia de la cultura castellana en Aras. Una de las repoblaciones que se hicieron en las tierras areñas fue con gente venida de Castilla. Esta casa pertenecería a uno de esos nuevos pobladores, ya que presenta un balcón cerrado de estilo castellano.

El Horno de la Calle del Jueguecillo

Este horno medieval de unos 600 años de edad fue uno de los centros de actividad más importantes de Aras, pues constituía un elemento clave para la dieta de los habitantes del pueblo. Las mujeres del lugar se reunían en él para cocer el pan, pero también llevaban otros alimentos para calentar, como patatas o verduras y, en días festivos también se cocían en el horno dulces y carne.

El horno fue construido en el año 1351, gracias a una concesión por decreto real del  rey Pere el Ceremoniós  (El Ayuntamiento de Aras conserva este importante documento escrito en pergamino que certifica la concesión de este horno, verdadero tesoro histórico que muestra el desarrollo de Aras en la Edad Media).

Este fue un mal año para la creación de un horno, puesto que éste dependía de las cosechas de cereal, las cuales eran escasas en aquellos años por culpa de la sequía y por la llamada Guerra de los Pedros. Sin embargo, el horno se mantuvo en funcionamiento, gestionado de forma comunal y activo hasta el año 1975, cuando cerró definitivamente sus puertas.

El pan era un alimento básico e indispensable que formaba parte de la dieta diaria de las gentes del lugar. La masa se elaboraba en casa, mezclando la harina con agua templada, levadura y sal en un cajón conocido como artesa. Una vez preparada la masa se transportaba al horno en un cesto de mimbre, el escriño, que las mujeres llevaban sobre la cabeza.

FUNCIONAMIENTO DEL HORNO

Por la tarde-noche, tras terminar la dura jornada laboral, los horneros comenzaban a preparar el horno para poder cocer el pan al día siguiente. Primero se llenaba el horno de leña, especialmente troncos de sabinas, y se tapaba la boca con una chapa de hierro para conservar mejor el calor.

Al día siguiente, de madrugada, se destapaba la boca del horno y se introducía más leña hasta que alcanzara la temperatura adecuada, lo cual se sabía cuando las piedras de la bóveda, ennegrecidas, se tornaban de un color blanquecino debido al calor.  Una vez que el horno se había calentado lo suficiente se retiraban las brasas y cenizas, que se amontonaban al lado izquierdo, mientras que el lado derecho quedaba limpio y libre para la cocción del pan. Tras esto el horno quedaba listo y se abrían las puertas para recibir a la clientela.

Cuando el horno abría sus puertas las mujeres del pueblo llevaban la masa que habían preparado en casa al horno, portándola en unos grandes cestos, los escriños, que llevaban sobre sus cabezas. Sobre los escriños colocaban unas mantas para evitar que la masa se secara y se llenara de impurezas. Cuando llegaban al horno depositaban la masa encima de la mesa que había en el centro del edificio destinada para la elaboración del pan, y que aún hoy se conserva en el recinto, y procedían a preparar el pan dándole a la masa la forma deseada.

Después de esto marcaban la masa con un corte distintivo para diferenciar los panes de cada familia. A veces esta marca se hacía con una crecedera, un pequeño instrumento que llevaba un signo, como una especie de sello, de la familia que lo marcaba. Por último se situaba la masa sobre unas palillas, unas tablas estrechas y largas con una especia de empuñadura para sujetarlas, y se introducía el pan en el horno. En las palillas se ponía algo de harina encima para que la masa no se pegase.

GESTIÓN DEL HORNO

Por la cocción del pan la gente del pueblo debía de pagar por el uso del servicio que daba el horno, sin embargo este pago rara vez se hacía con dinero. Lo más tradicional era dejar a la hornera con una porción de masa proporcional al pan que se iba a cocer. Después, con esta porción de masa la hornera elaboraba su propio pan, que luego ponía a la venta y que según la gente del pueblo era un pan especial, muy rico, ya que llevaba una porción de masa de cada familia del pueblo. A esta forma de pago tan característica se la conoce como la Poya.

A partir de cierto tiempo, el horno paso a ser de propiedad comunal a gestionarse solo por tres familias, que se turnaban las jornadas de apertura del horno. Sin embargo, con el paso del tiempo, el trabajo resultó cada vez más pesado, y los beneficios cada vez más escasos, pues las gentes del pueblo comenzaron a emigrar a la ciudad para probar mejor suerte. Durante los años 50 y 60 el horno se abría tres días a la semana, los lunes, los miércoles y los viernes.  En el año 1975, la semana que se celebraban las comuniones, el horno abrió sus puertas al público por última vez.

Actualmente el Horno medieval es uno de los puntos más importantes de nuestro itinerario cultural. En la actualidad se encuentra inactivo, aunque aún puede ponerse en funcionamiento de nuevo. Algunos años después de su cierre, el Ayuntamiento de Aras se embarcó en el proyecto de rehabilitar el edificio para que albergase la sede del museo etnológico de Aras, operación que finalizó en el año 2001. Además, el edificio alberga en su interior una exposición dedicada al ciclo del cereal, con fotografías que retratan las labores de antaño y  múltiples utensilios para la tarea de la trilla o la elaboración del pan, como artesas, lebrillos, crecederas, escriños y raseras entre otros.

Calle caballeros y Casa del Balcón de Esquina

La calle caballeros es una de las más antiguas del pueblo y conserva en las portadas de muchas casas arcos de medio punto y escudos sobre las puertas que denotan el origen medieval y caballeresco de esta calle. Tras la conquista cristiana se construyó la iglesia en el emplazamiento actual, por lo que a partir de esta comenzaron a crecer las calles del pueblo.

Debido a la cercanía con la Iglesia y al peso que esta institución tenía en la época, los nobles y la gente importante de Aras se establecieron en la Calle Caballeros, ya que desemboca directamente en la portada del templo.

En esta antigua calle se encuentra la Casa del Balcón de Esquina, también conocida como casa de los Monterde, familia de nobles que gobernó en el pueblo y que se asentó en esta casa. Con la conquista cristiana, los terrenos de Aras pasaron a ser parte de los bienes de la Orden del Temple, pero tras la disolución de ésta el pueblo pasó a dominación de la Orden de Montesa.

Los Monterde pertenecían a esta orden y procedían de Albarracín por lo que adosaron a la casa este característico balcón, cuya tipología es típica de Aragón y de Albarracín, por lo que este balcón es único en la Comunidad Valenciana. Además en esta casa podemos observar dos escudos, uno con el emblema de los Monterde, y otro con la cruz de San Jorge característica de la Orden de Montesa.

Torre del Cortijo

Se encuentra situada en el interior de la manzana formada por las calles del Cortijo, la Sangre, la Iglesia y del Rey Don Jaime. Su altura oscila en torno a los 10 metros aproximadamente. Es de construcción árabe y probablemente su construcción se erigió durante el gobierno de los Banu Qasim en el pequeño reino taifa de Alpuente que duró desde 1030 a 1092.

Antiguamente la torre constituía el centro del recinto amurallado destinado a proteger a la población del terreno en caso de peligro o de guerra. Sin embargo, tras la conquista cristiana, el pueblo creció y las murallas del recinto árabe fueron derribadas o aprovechadas para erigir nuevas casas que asfixiaron la torre, que quedó inmersa en el patio de una de las casas. Actualmente la torre se puede observar perfectamente mediante una visita al Ecomuseo, ya que la construcción se encuentra emplazada en el patio del museo.

Como particularidad cabe destacar que tanto la torre como el lienzo de muralla que la rodeaba, de la que se conservan algunos restos, fueron erigidos mediante la técnica de tapial, técnica usada desde muy antiguo que sirvió para construir muchos de los edificios que observamos hoy en día en Aras de los Olmos y Losilla.

Fiestas Gordas

Cada siete años las Fiestas Tradicionales en honor a la Patrona, Santa Catalina, tienen su máximo apogeo. El número de actividades festivas es mayor que cualquier otro año.

Uno de los actos de mayor significación es la romería de la imagen de Santa Catalina, desde su Santuario, la ermita, hasta la Iglesia de Aras, acompañada por los habitantes del pueblo. Tras la bajada de la Virgen, la imagen descansa durante un mes en la Iglesia del pueblo, para retornar a su santuario a finales de agosto

En estas fiestas, las jóvenes y los jóvenes del pueblo se visten con el traje tradicional de serranas y serranos. Se nombra una Reina de las Fiestas que acompañada por su Corte de Honor, preside muchos de los actos de las fiestas, como misas, pasacalles, procesiones o cenas.

Hay que destacar en estas Fiestas una celebración por su gran interés cultural: el Entramoro. Los habitantes del pueblo escenifican la lucha entre los moros y los cristianos por hacerse con el control del pueblo. En un principio los cristianos son derrotados, pero al final consiguen la victoria gracias a la intercesión de Santa Catalina, que convierte a las tropas musulmanas al cristianismo. Esta representación se ha transmitido de forma oral a través de las generaciones, y es muy singular porque confluyen aspectos del pasado histórico con tradiciones de carácter religioso.

Las últimas Fiestas Gordas se celebraron el año 2009. Las próximas tendrán lugar en el mes de agosto de 2016.

Fiestas de verano

Cada año, en la última quincena del mes del mes de agosto, se celebran en Aras de los Olmos las tradicionales fiestas en honor a la patrona, Santa Catalina. Las fiestas suelen durar de cinco a siete días, y en ellas hay actividades para todas las edades. Se realizan juegos y parques infantiles para los más pequeños, campeonatos deportivos y de juegos de mesa, hogueras en honor a Santa Catalina, pasacalles, verbenas, paellas, gachas, concierto de la banda de música, cabalgata con chocolatà, baile de disfraces, fiestas temáticas, etc.

Fiestas de verano (Losilla)

Se celebran el primer fin de semana de agosto y duran 4 días. Se inician las fiestas con el engalanamiento de calles y con la presentación de la Serrana Mayor y su corte de Honor, donde los chicos y chicas del pueblo se visten con el traje típico de la aldea. El resto de los días se llenan de actividades para niños y adultos realizando juegos, talleres, campeonatos, comidas tradicionales, verbenas…

Semana Cultural

Normalmente se realiza a finales del mes de julio, y la organización corre a cargo de la Asociación Juvenil “El Olmo”, formada por los jóvenes del pueblo. En esta semana se realizan varias actividades de carácter lúdico-cultural, como exposiciones, cine fórums, talleres, ginkanas, juegos tradicionales, etc.

Fiestas de Pascua

Se celebran el fin de semana de la Pascua de Resurrección. Además de las procesiones y actos religiosos propios de estos días, se desarrollan actividades más lúdicas como juegos, teatros, comidas tradicionales, verbenas…

San Marcos

Fiestas realizadas en honor al patrón del pueblo el 25 de abril. Ese día se realizan en la plaza las tradicionales gachas populares, preparadas por los habitantes del pueblo para que las degusten todos aquellos que lo deseen. Al fin de semana siguiente, si el día 25 cae entre semana, se realizan varias actividades, como teatros, juegos infantiles y una verbena el sábado por la noche. Esta festividad se cierra el domingo con una Romería realizada en el Santuario de Santa Catalina, en la que se saca la imagen de San Marcos en procesión acompañada por la banda de música.