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Corrales y pajares (Losilla)

La Serranía ha sido tradicionalmente una comarca ganadera debido a la abundancia de montes y tierras de pasto de propiedad real o vecinal. Desde la Edad Media se tiene constancia de la importancia de la cría del ganado ovino, centrada en la explotación de la lana, que fue objeto de comercio hasta la primera mitad del siglo XIX.

Es también tierra de acogida de rebaños trashumantes procedentes de Aragón y Castilla, que entraban en tierras serranas por la Cañada Real de Aragón, junto a Losilla, lo que ha propiciado la abundancia de corrales dispersos por el territorio.

La proximidad de corrales y pajares es un testimonio de la complementariedad de la agricultura cerealística y la ganadería ovina dentro los límites del término. Los cultivos se beneficiaban del abono natural aportado por el pastoreo en campos de barbecho y de la fuerza de tiro de los animales de labor, a cambio del forrajeo.

Iglesia de San José (Losilla)

Este templo de formas sencillas preside el pueblo de Losilla formando el núcleo religioso de la población. Se encuentra emplazada en la plaza de la aldea. Su estilo es difícil de determinar, ya que se habla de gótico-mudéjar en su estructura original y su fábrica, mientras que su aspecto exterior es de carácter neoclásico. En el centro del dintel de la entrada se puede leer una inscripción con el año 1851, aunque con toda seguridad el origen del edificio es muy anterior, aunque no con el aspecto que presenta hoy en día.

La planta del edificio es rectangular, de unos 170 metros cuadrados. A los laterales, y formando un crucero latino, hay dos capillas que están resueltas en bóveda de arista. A principios del siglo XX, en el año 1924, se terminó la torre campanario de forma cuadrada, en la que las campanas ordenaban el tiempo con los toques de oración y el Ángelus y alertaban a la población en caso de incendio. Junto a la iglesia, en el jardín, estaba el antiguo cementerio, que se trasladó a las afueras de la población tras una epidemia que tuvo lugar a principios del siglo XX.

Iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles

Edificio del siglo XVI construido sobre otro edificio de anterior fecha, por lo que presenta partes pertenecientes a diversos estilos. Se trata de un templo de nave única, construido con fábrica gótica y con capillas adosadas entre los contrafuertes.

En el exterior el edificio presenta dos portadas, una de estilo renacentista, con semicolumnas jónicas y un remate en forma de templete tripartito, y una románica, perteneciente a la parte del edificio más antigua, de decoración más sobria. Además, destaca el campanario de 30 metros de altura aproximadamente, que está formado por dos cuerpos, uno de obra de mampostería y otro de sillería labrada en la parte superior, que alberga ocho vanos de medio punto que contienen las campanas que llaman a la oración, dan la hora, y antiguamente también servían para dar el aviso en caso de incendio o de guerra.

En su interior, la iglesia presenta una rica decoración de esgrafiados en tonos grises y blancos distribuidos por las bóvedas y las paredes de la iglesia. Estos esgrafiados presentan decoraciones vegetales, angelotes, animales fantásticos, ángeles músicos y, además, elementos simbólicos que hacen referencia a tradiciones religiosas populares o a elementos de la cultura local, como los dos Olmos que se encuentran pintados en el coro de la iglesia, que muestran como ya desde hace siglos existía la tradición de tener un olmo en el centro de la plaza del pueblo.

En la iglesia podemos encontrar además las imágenes de diversos Santos, como las pinturas situadas a los lados del altar que representan a Santa Bárbara y Santa Catalina, las esculturas de Santos como la de Nuestra Señora de los Ángeles o Jesucristo yaciente y también una interesante cruz gótica plateada del siglo X.

Calle Cortijo

Esta calle, situada cercana a la oficina de turismo y sede del Ecomuseo, es una de las calles más bellas y pintorescas del pueblo. En esta calle se encuentran unos arcos coronados de rosas que se llenan de color al llegar la primavera. Además durante la semana de fiestas, los vecinos decoran la calle con gran entusiasmo, cada año con una temática distinta, y todos los habitantes del pueblo se pasan a ver cómo queda la decoración de la calle.

Santuario de Santa Catalina

El santuario de Santa Catalina se encuentra a 5 km de la población, ubicado a 1.100 metros de altura, en la muela de Santa Catalina. Hasta allí podemos llegar en coche o bien eligiendo una preciosa ruta a pie o en bicicleta. En este lugar nos encontramos con un paraje dominado por un conjunto formado por dos edificaciones, la Ermita de Santa Catalina y la Hospedería, además de una fuente de aguas manantiales que nacen en la propia montaña. Junto a esto se encuentra la explanada, con un paellero y con mesas y bancos donde podemos disfrutar de una agradable comida a la sombra de los árboles, mientras los niños y niñas se divierten en el parque que se encuentra en la explanada.

Todos los años se celebran en este santuario romerías en honor a San Marcos (el 25 de abril) y a Santa Catalina (el 25 de noviembre). En estas romerías los habitantes del pueblo sacan en procesión las imágenes de los santos, acompañados por la banda de música. Este acto es herencia de la tradición antigua, cuando los habitantes de los pueblos recorrían las calles con las imágenes de los santos, para pedirles que cesara la sequía y hubiera buenas cosechas.

LA ERMITA DE SANTA CATALINA

Aunque no se tiene constancia exacta de su construcción, esta probablemente data del siglo XVII. El emplazamiento de este lugar de culto viene determinado por la creencia popular, que cuenta que un joven pastor llamado Marcos, mientras apacentaba el ganado encontró la pequeña imagen de la Virgen Catalina, junto a la fuente natural envuelta entre pinos y romeros. Tras varios intentos de llevarse la imagen a su casa en Santa Cruz y que ésta regresara al día siguiente al mismo lugar, el pastor contó el suceso al párroco y los habitantes del pueblo, quienes la erigieron como patrona y le construyeron un santuario en el lugar donde la Santa quería reposar.

El santuario erigido por los habitantes puede ser visitado actualmente, para ver la pequeña imagen de la patrona. Se trata de una ermita de nave única cubierto con bóveda de cañón segmentada a través de arcos fajones, y con una cúpula previa al altar que contiene unas pinturas al fresco con alegorías referentes a la virgen y mártir Catalina.

En el lado derecho del altar se encuentra una capilla donde se emplazan los exvotos, figuras de cera que los habitantes de Aras ofrecían a la virgen como muestra de devoción. Además destacan elementos decorativos en esgrafiado, de manera similar a los que se pueden observar en la Iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles que se encuentra en el pueblo de Aras. En el exterior, una puerta con una escultura de la Virgen nos da paso al edificio, mientras que en el tejado podemos observar una espadaña, elemento típico de la arquitectura religiosa popular que cobija la campana con la que se llama a misa y a la oración.

LA HOSPEDERÍA

Junto a la ermita se encuentra el edificio de la Hospedería, que data del año 1728. El edificio consta de tres pisos, con una entrada flanqueada por un atrio o porche de arcos de piedra labrada, en la segunda planta, que alberga un amplio comedor, un pasillo y las habitaciones, se encuentra una balconada de madera torneada. En el tercer piso se encuentra la cambra, con una galería de arcos que dan al exterior.

LA CASA DEL ERMITAÑO

Esta casa, en la que en ocasiones se hospedan los ermitaños que deciden descansar en la ermita de la Santa, estuvo habitada hace algunos años por una familia formada por Félix y Margarita. Esta última era la santera que ejercía de curandera en el pueblo, con hierbas del monte, oraciones de su “librico” y ciencia propia.

LA FUENTE DE SANTA CATALINA

Esta fuente de aguas manantiales se encuentra emplazada junto a la casa del ermitaño y sus aguas son muy apreciadas por la gente de la zona por su carácter natural y saludable. Cuenta la tradición que junto a esta fuente se encontró la imagen de la Virgen Catalina, por lo que los habitantes del pueblo construyeron un pequeño monumento con la imagen de la santa, por el que desde entonces brotaron los chorros de agua.

Acceso en coche o en bicicleta

Para acceder mediante el coche debemos seguir desde Aras de los Olmos la CV355 en dirección Losilla, a unos 5 kilómetros, y antes de llegar a Losilla, tomaremos el desvío hacia la Ermita de Santa Catalina, el cual se encuentra a la derecha de la carretera. Tras unos minutos llegaremos  al Santuario y, si lo deseamos, podemos continuar el camino hasta llegar a la cima de la montaña, donde se encuentran dos observatorios astronómicos, un parque eólico y un mirador con excelentes vistas del terreno.

Si por el contrario queremos disfrutar de un agradable paseo en bicicleta, para relajarnos después bajo los árboles del Santuario o realizar un agradable pic-nic en el entorno natural, es recomendable seguir la misma ruta que con el coche, ya que se trata de una carretera no muy pronunciada y con poca afluencia de tráfico.

Acceso a pie

Si nuestra opción es realizar una ruta a pie, disfrutando de las ventajas y beneficios del senderismo, podremos coger la senda PVR130, con la que disfrutaremos de un precioso entorno natural hasta llegar, tras 1 hora de camino aproximadamente, a la Ermita de Santa Catalina

Callejón de la Dula

Antiguamente era una calle a las afueras del pueblo, cercana a las eras y pajares. En ella se guardaba el ganado de pequeños propietarios, donde el dulero, vecino del pueblo, se hacía cargo de los animales desde donde todas las mañanas salía en busca de pastos. Era una fórmula de organización comunal, que entronca con los lavaderos y con el horno.

Plaza del Olmo

La plaza del Olmo es el principal punto del pueblo de Aras. En ella se encuentra emplazado el Olmo, autentico símbolo de la villa y árbol al que las gentes del pueblo profesan un gran cariño. Este árbol se encuentra sobre unas gradas de forma heptagonal en las que los habitantes del pueblo se sientan a hablar, beber un café o un refresco o tomar la fresca. Antiguamente estas gradas eran también escenario de bailes populares y de enamoramientos entre los habitantes del lugar.

El olmo que observamos actualmente es bastante joven, y sustituye a su anterior compañero, que acompaño la historia del pueblo durante más de 300 años, hasta que murió a causa de la grafiosis. Además del Olmo en la plaza podemos encontrar varios escudos del siglo XVI y XVII.

Otro de los puntos de interés de la plaza es que es escenario de actos festivos y del popular mercadillo, que se hace una vez a la semana.

Casa Abadía

La casa Abadía era el lugar donde vivía el cura. Esta casa era famosa por la decoración interna, ya que tenía unos preciosos techos pintados y los suelos decorados con cerámica y mosaicos. Desgraciadamente esta casa fue derruida, y actualmente solo se conserva la puerta adintelada, con el escudo papal, y la Casa de Caminantes, pequeña parte del edificio que se utilizaba para hospedar a los ermitaños que llegaban al pueblo y que se encuentra contigua a la iglesia.

Actualmente en el espacio que ocupaba esta casa se encuentra el campo de petanca, juego al que tienen gran afición los jubilados de Aras. Muchas tardes, a través del arco que era la antigua puerta de la casa, se puede ver como los hombres y las mujeres mayores de Aras y Losilla juegan a este juego con gran diversión

Ermita del Santo Cristo

Edificio de carácter religioso situado en la calle de la sangre, cuya fecha de construcción no se ha podido determinar con exactitud. Sobre su entrada se encuentra la viga central de madera labrada, en cuya superficie podemos encontrar grabada la fecha de 1621. Aún así, la construcción del edificio fue muy anterior, como demuestra su estructura y sus características, por lo que es probable que fuera reformada y modificada en la fecha anteriormente citada, pero construída mucho antes.

Las características de esta ermita es que es una edificación sencilla, de pequeño tamaño y de planta cuadrada. El edificio consta de dos partes, la primera y más antigua, de planta cuadra y cubierta con una bóveda baída que cobija el altar con un Cristo crucificado en una hornacina de madera. Esta sala antiguamente presentaba una excelente decoración esgrafiada similar a la de la Iglesia y la Ermita de Santa Catalina, sin embargo las sucesivas capas de cal que se dieron sobre las paredes y el techo impiden ver esta decoración.

La otra parte que forma la pequeña edificación está cubierta por un tejado a dos aguas, funciona como un porche de entrada y presenta un banco de piedra que circunda todo el espacio. La cubierta es de tablas de madera, con la viga central de madera tallada que se apoya en un pedestal, también de madera, que a su vez nace del centro de la jamba de piedra de la puerta de entrada.

Actualmente los vanos y la puerta de la ermita están cerrados con verjas de metal, que sustituyen lo que antiguamente eran cerramientos de madera torneada, de gran valor artístico.

Huertos tapiados

Los huertos tapiados son un conjunto de parcelas que se apiñan frente al núcleo de la población, de la cual se encuentran separados por un barranco.  Estos huertos dan muestra de la forma tradicional de cultivo en Aras de los Olmos y constituyen un testimonio excepcional con gran valor patrimonial, arqueológico, etnológico e histórico, además del valor medioambiental y paisajísitco.

Su tipología, parcelas de terreno separadas por tapias y regadas por un sistema de balsas y acequias evidencian su tipología árabe. Cuando esta cultura estuvo asentada en el término de Aras, trajo consigo varias de sus tradiciones y creencias, como el aprecio por el agua y la vegetación, dado que eran gentes que procedían del desierto. Por esta causa los árabes delimitaban y cerraban sus parcelas, considerándolas como una especie de paraíso personal.

Además de este carácter simbólico, las parcelas cumplían una función utilitaria, ya que protegían las cosechas hortofrutícolas del frío, los robos y de los animales y el ganado. Las tapias, realizadas con piedras sin tallar trabadas con barro y piedras pequeñas forman una red de estrechos callejones de gran encanto, por los que se puede disfrutar de un agradable paseo por la naturaleza.

Los huertos son también un ejemplo de gestión comunal ya que se alimentan a través de una balsa que recoge las aguas de la lluvia y de la fuente de la Ermita y las distribuye a través de un sistema de acequias. Tanto la balsa como las acequias, y también la distribución del agua entre los propietarios, corrían a cargo del regador figura designada anualmente por los propietarios de los huertos para cumplir estas funciones.